|
|
Yo tampoco podía quitarle la vista de encima. No era primera vez que la veía. Para que mentir, nos encontrábamos con cierta frecuencia en la cola del ascensor, en la planta baja del edificio, en el pasillo del piso treinta y nueve donde hay servicio de fotocopiadoras, en los cafetines cercanos... Era una de mis fantasías recurrentes. Esa ropa que tanto me encantaba como le quedaba comenzaba a estorbarle a mi imaginación. La estaba desnudando mentalmente cuando la puerta se abrió.